Sysadmins, Linux y virtualización
Sobre lo que voy a hablar en este artículo ya lo hice en uno anterior, en este mismo blog, por lo tanto espero no enredarme demasiado. La virtualización en sí es un tema sobre el que se puede hablar mucho y muchos niveles, más aún cuando además lo mezclamos con la administración de sistemas. Aunque lo acotamos en cierta medida cuando tratamos de limitarlo al ámbito de Linux, por contradictorio que en un principio pueda parecer.
Voy a comenzar mi exposición relatando cierta anécdota que trata sobre mi involuntaria y nada intencionada evangelización de Linux. Desde hace muchos años, mis amigos me han oído hablar de Linux, siempre favorablemente, como algo superior al Windows que la mayoría de usuarios tienen instalado. Mis palabras de alabanza han ido haciendo mella, poco a poco, en las ideas preconcebidas que la sociedad del mercantilismo, la publicidad, y el consumo en definitiva, llevan instaurando en sus mentes desde que el PC es PC. Es por ello que uno de mis amigos accedió este verano a probar tan magna creación del hombre, Linux, en su distro más popular en la actualidad: Ubuntu.
Arrancamos el sistema desde Live CD, una 8.04, y sus ojos se abrieron como platos al darse cuenta de que podíamos navegar por Internet, o jugar, o lo que fuera, mientras el propio sistema se iba instalando. He dicho que sus ojos se abrieron como platos, pero se abrieron aún más, como ruedas de camión, cuando vio lo fácil que era instalar programas de todo tipo, gratis, desde los repositorios, sin tener que utilizar ningún tipo de clave, números de serie, ni cracks, ni nada.
Sinceramente, creí que no se le podían abrir aún más los ojos, pero equivoqué de nuevo. Eso sucedió cuando me preguntó que cómo iba a utilizar esos programas de Windows, aquellos que necesitaba para trabajar, y que los programadores de su empresa habían desarrollado para Windows, aplicaciones propietarias para poder trabajar desde casa, por ejemplo. Fruncí el ceño, pues eso podría ser un problema.
Por supuesto, no lo fue. Tiré mano del Wine, y de nuevo le demostré que Windows era inferior en todos los sentidos. Incluso pude instalarle ciertos juegos de los que aún en este momento sigue disfrutando, y sí, son para Windows.
Sin embargo, aún no había terminado de ponerme a prueba. Me preguntó cómo podría probar ciertas cosas, ciertos productos, que siendo Windows emulado, no podría probar de ninguna manera, como ciertos drivers que su empresa desarrollaba para los productos que fabrican: balanzas electrónicas.
Volví a fruncir el ceño, pero no me amilané. Triunfé de nuevo, porque esta vez eché mano de mi último recurso: la virtualización. Instalé la última versión de Virtualbox y sobre este un Windows XP original que mi amigo tenía guardado en el cajón. Fue una delicia, y una gran satisfacción para mi. Misión cumplida, esta vez sí.
He sido programador y administrador de sistemas toda la vida, muchos años. No voy a mentir diciendo que no he utilizado nunca Windows, ni que no lo siga utilizando hoy en día. Eso sí, siempre virtualizado.
Lamentablemente, mi área de mercado, mis clientes habituales, son la pequeña y mediana empresa, la Pyme. Es muy difícil, por no decir imposible, convencerles de que hay una tecnología superior a la que están utilizando, y mucho más barata. Más barata y productiva que la que utilizan en la actualidad, y aunque no quiera ser derrotista ni conformista, tengo que reconocer que eso es lo que hay. Desconfían de Linux sistemáticamente.
El problema sigue siendo la inversión en campañas publicitarias que hace Microsoft. Y no es que lo diga yo, es que lo leo día a día en otros blogs, revistas o fanzines. Es algo contra lo que no se puede luchar, al menos no de la forma tradicional.
Por contradictorio, de nuevo, que pueda parecer, la virtualización es una solución a corto plazo, y lleva mucho tiempo siéndolo. De momento resuelve la papeleta en muchos sentidos, pero sigue haciendo falta desarrollar un sistema, librerías o lo que sea, para que no haga falta cargar otro sistema operativo en memoria. Me refiero a algo que no suponga virtualización ni emulación, sino que constituya una plataforma estándar en la que funcione todo.
Sé que la respuesta no está en el hardware, sino en el software, y eso me alivia bastante. Avanzar en el software siempre ha sido más viable, y es sobre lo que más han funcionado las ideas que se acercan a lo que podríamos llamar una estandarización definitiva. Supongo que en el fondo esto no es más que una utopía que no llegará a cumplirse mientras exista Microsoft. O más bien, en el peor de los casos, mientras MS siga sin ofrecer productos de máxima calidad, y esto en sí es la pescadilla que se muerde la cola, porque MS, por ser lo que es, no puede de ninguna manera llegar nunca a ser lo que es Linux, y es normal que así sea.
No hacemos otra cosa que demandarle a MS, no que cambie su filosofía de publicación, sino que se reconvierta a lo que es Open Source y todo lo que lo envuelve. Eso es imposible porque MS es una empresa privada con miles de empleados en todo el mundo. Va en contra del propio significado de la palabra “capitalismo”.
Linux, o mejor dicho el Open Source, es anárquico por naturaleza, y eso está bien, y precisamente por eso es lo que es. Pensamos, o tratamos de convencernos de que no es una cuestión política, pero sí que lo es, aunque no en el sentido de política gubernamental, sino informática, pero es política al fin y al cabo.
Por otra parte la virtualización, por muy bien que esté, que lo está, no es más que otra fantasía más. Quizá mucho más tangible, pero fantasía porque no es más que un quiero y no puedo de la emulación. Por eso abogo por la integración y la finalidad de alcanzar la estandarización definitiva. Algún día la alcanzaremos, por mucho que llegue a costarnos.
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